Oct 13, 2009

Tristán


Desde que vivimos solos él, mi hermanita y yo, todas las mañanas son iguales. Cuando se despierta, antes de meterse a la ducha, deja que nos colemos un ratito en su cama. Entonces, yo me acomodo en la ce redonda que su cuerpo dibuja alrededor mío y pienso que no hay un mejor lugar en el mundo. Después, cuando se levanta, nos revuelve el pelo diciendo algo cariñoso, y nos sirve el desayuno. Antes de salir de casa, nos advierte cariñosamente: “Pórtense bien… volveré pronto.” Y cuando ya casi ha cerrando la puerta, agrega: “Los quiero mucho”...

(Hoy se cumplen 3 años desde que comencé a escribir en este espacio. No era este el texto que iba a publicar, pero por una triste circunstancia, mi perro-amigo-compañero Tristán está extrañamente enfermo… y mi mundo, desestabilizado).




Sep 21, 2009

El último café

Era un tipo extraño, con frecuentes ataques de luna. A veces, hablaba de una cierta o incierta república independiente de sí mismo. Tardé en comprender que ese país no era otra cosa que una soledad que defendía, sutilmente, con distancia y silencio, y también con sonrisas detodoestábien, nonecesitoanadie…

Sin embargo, yo sabía que ese silencio que guardaba hacía mucho ruido por dentro.

- Estoy viejo- me dijo, mientras con el índice recorría el surco que va desde la aleta de la nariz hasta la orilla de la boca. –Se ha convertido en un abismo- agregó.

- Ocurre que estás cansado, no viejo…

- ¿Acaso no es este cansancio la vejez?...

Sus ojos, al otro lado de la taza, parecían dos soles -o dos lunas más bien- que se ponían en el redondo horizonte del café. Afuera hacía frío y caía una leve llovizna.

- No se va el invierno de un día para otro…- dijo.

Entonces pensé que si era el cansancio la vejez, él era un viejo.
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Aug 19, 2009

El Himno del Desencanto

Pasaremos por este mundo con más pena que gloria. No habremos peleado ninguna batalla más que la propia, cotidiana y absurda… como si no hubiese habido nada por qué pelear. Como si lo tuviésemos todo ganado. Porque parece que somos libres… porque parece que somos felices.
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Jul 26, 2009

Cosas Rotas

La semana que recién terminaba había dejado unas cuantas cosas rotas. El lunes, un vaso inauguró la temporada de quebrazones, con un estruendo bastante más pequeño que el provocado por la caída del televisor. Este acontecimiento, el del televisor, había ocurrido el sábado, como para culminar apoteósicamente una semana de cosas rotas. Lo había movido para limpiar el polvo del mueble que lo sostuvo durante unos cuantos años. No pensó en las leyes físicas del contrapeso ni en la falta de equilibrio de estos aparatos, cuando lo dejó en la cama, y salió tan tranquilo a sacudir el trapito de la limpieza. En eso estaba cuando sintió el estruendo, porque vaya que hace ruido un televisor al estrellarse contra el suelo. Ya no había nada que hacer. Contempló largo rato los pedazos esparcidos por el piso como si no fuera cierto lo ocurrido. No, no podía ser cierto si tan solo hace dos días se había roto el DVD en otra torpe maniobra de sus manos.

Algo no andaba bien, definitivamente, algo no andaba nada bien.

Al anochecer del domingo, contempló largo rato los restos de papel higiénico con lágrimas y mocos esparcidos por el piso… no fue el televisor lo último que se rompió esa semana.
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Jul 5, 2009

"Ganaremos todas las batallas"


Tu nombre fue el presagio de que vendrías, porque antes de tener existencia ya te llamabas Padú. Vagaban los primeros días de abril, como suele vagar el otoño cuando es joven, y vagabas tú, sin rumbo cierto, por la orilla de la vida, una avenida larga y transitada, que amenazaba con convertirse en un abismo. Tu extraña figura, que no era más grande que un zapato, caminaba hacia mí con pasos torpes. Fue entonces cuando, desde la infinita profundidad del suelo, me miraste y yo perdí, ante esos ojillos desamparados, una nueva batalla por hacer de mi corazón el reducto más inexpugnable.

En tu cuerpo traías los males del abandono, los ojos tristes y en alguna parte de tu alma, un entusiasta deseo de vivir. Ya habías ganado la primera batalla. Sin embargo, la vida a veces es una malaputa y no nos lo pondría fácil. Tampoco sabía la vida que se enfrentaba a un valiente como pocos, que sin capas ni espadas le hacía frente a las peores heridas. En ocasiones, cuando salías muy maltrecho de algún combate, pensaba que no resistirías y no podía evitar llorar, entonces tú, con esa costumbre tan perruna, movías alegremente tu cola y me pasabas la lengua por mi oreja como diciendo: “No llores, que ganaremos todas las batallas”. Y sí, vencías en una y otra y otra… pero la vida (esa putavida de a veces), no se convencía de que tú eras un ser para este mundo. Y tú, aun en medio de los arrasados campos de batalla, te las arreglabas para ser feliz. Ahora que lo pienso, eso debió ser lo que molestó a la vida y las tomó contigo y se alió con la muerte (que para putas, ella).

No contaré tu final. No ahora que envuelvo mi pena con tus mejores recuerdos. No le daremos ese gusto a las putas esas que creen haber ganado la última batalla. Porque la última y todas las batallas las ganaste tú, porque estás vivo, Padú, que era lo que tú querías. Estás vivo en las aurículas y los ventrículos de Marta, y en el corazón de todos aquéllos que lucharon contigo en más de alguna batalla. Estás vivo, Padú… vivito y coleando, que no son otra cosa que los golpecitos de tu cola feliz mis sístoles y mis diástoles.



Jun 2, 2009

Saber llorar

-Quiero que sepa llorar…

Se quedó callado, dejando la frase con puntos suspensivos. Yo esperé a que continuara.

- … quiero que pueda llorar cuando le duela el mundo. No que llore simplemente porque se cayó y se rompió una rodilla, o porque no tiene el juguete que quiere. Quiero que sepa y pueda llorar por el dolor de los otros, por la pena ajena. Llorar por y con los otros es el primer paso para hacer algo por ellos… Porque uno también forma parte de los otros.

-No son palabras muy optimistas para darle la bienvenida a tu hijo- le digo, y él parece no escucharme.

-¿Sabes qué me preocupa?

Lo miro y le respondo con un gesto.

-Siento que el ser humano está perdiendo la capacidad de conmoverse, y eso me asusta. El llanto está en vías de extinción.

-Pero que el llanto desaparezca puede significar también el fin del dolor- le digo, tratando de quitarle el tinte pesimista a su discurso.

-O que el dolor no nos importa- remata él.

Pausa larga. Afuera, tras los ventanales de la sala de espera, amanece.

-¿Y no quieres que sepa reír?-. Ahora soy yo quien interroga.

-Sí, pero para reír de verdad, primero hay que saber llorar.

-Estás imposible- le digo, riendo y palmoteándole la espalda.

Ambos reímos y nos abrazamos. Estábamos en eso cuando una enfermera lo vino a buscar.

-Bah, ve a recibir a Juanito- le digo, empujándolo suavemente, porque se ha quedado como paralizado.

Antes de que se pierda por el pasillo le digo alzando la voz para que me oiga:

-¿Por qué Juan?

Se gira, se encoge de hombros y me dice:

-Es el nombre más sencillo que encontramos.

Ya había comenzado a llorar…
(Para Elna, Marçal, Anna i Jordi).



May 27, 2009

Credo

A veces me gustaría creer en Dios para poder decir Dios mío, por qué me has abandonado...